martes, 6 de agosto de 2013

Desmontando al empresario sin escrúpulos: siete patrones comunicativos comunes al mal intermediario

O cómo evitar que te exploten cuando estás empezando. Ante este título tan rimbombante solo se esconde la prueba definitiva que os ayudará a distinguir cuándo deberíais evitar a ese intermediario que se quiere aprovechar de vosotros. Y es que todos los malos empresarios de la traducción repiten, una y otra vez, exactamente el mismo patrón, las mismas frases, con las mismas palabras. No os podéis ni imaginar hasta qué punto: es hasta gracioso (¿se han puesto todos de acuerdo o qué?). Y solo con el objetivo de convenceros de que trabajéis más rápido y por menos dinero, para así enriquecerlos a ellos. También os intentarán convencer de que no sabéis como funciona el mercado y de que les hagáis caso a ellos, que son los que saben de qué va esto. Todo acompañado de una dosis de desmotivación y de pérdida de confianza en vosotros mismos. Si alguien que alguna vez os quiera contratar, tanto si es para un puesto en plantilla como para un proyecto freelance, pronuncia alguna de estas expresiones, os recomiendo sinceramente que salgáis corriendo lo más rápido que podáis.

Nota: Todas las citas que figuran en el presente documento son reales y verídicas, recopiladas por una servidora durante el ejercicio de su profesión. Os lo juro por Snoopy. De verdad de la buena.

1. «Como estás empezando, no puedo ofrecerte una tarifa más alta».

Variaciones: «Deberías ser más flexible en este mercado tan competitivo». | «Es que hemos tenido que aceptar unas tarifas muy estrictas para conseguir este proyecto». | «Así no vas bien, Sara; así no vas bien».
Qué pretenden conseguir: Evidentemente, que bajes tu tarifa para obtener mayores beneficios como intermediario.
Desmontando la teoría: Primero, voy a dejar clara una cosa: si un intermediario ofrece tarifas bajas, no lo hace solo a ti porque seas novato, sino que ofrece las mismas tarifas a todo el mundo. Segundo, lo más probable es que, como intermediario, se esté llevando, como mínimo, beneficios del 100 % con respecto a la tarifa del traductor; es decir, que si solo te pueden pagar 0,04 € por palabra, da por hecho que al cliente le están cobrando como mínimo 0,08 €. En resumen, te podrían pagar más, pero no les da la gana porque son unos usureros.
La solución más acertada: «Claaaaaaro. Y por una bolsa de pipas, te lo revisa mi loro».

2. «No vas a llegar a ninguna parte si solo traduces 3000 palabras al día».

Variaciones: «400 palabras por hora las traduce un monje copista medieval». | «Los traductores profesionales hacemos hasta 1000 palabras por hora. Pero con que tú hagas 800 me vale». | «Así no vas bien, Sara; así no vas bien».
Qué pretenden conseguir: Que traduzcas a más velocidad para tener más beneficios en un menor periodo de tiempo. Obviamente, la calidad del resultado no importa. Véase el siguiente punto.
Desmontando la teoría: Traducir 400 palabras por hora es un ritmo más que digno. Traducir 800 palabras por hora es producir una mierda pinchada en un palo. Cualquier traductor de calidad intermedia (ya no hablo de magníficos traductores) te dirá lo mismo que te digo yo: es imposible traducir esa bestialidad de palabras y crear un producto digno. ¿Será casualidad que todos los que te piden que lo hagas son los mismos que pronuncian las otras seis frases que menciono en esta entrada?
La solución más acertada: «Ah, lo siento, creo que te has equivocado de persona. Yo es que hago buenas traducciones».

3. «No pasa nada si la traducción no está perfecta».

Variaciones: «Es que si nos ponemos a mirar que no haya ningún error, no cumplimos con el plazo de entrega». | «Así no vas bien, Sara; así no vas bien».
Qué pretenden conseguir: Que te dé tiempo a traducir esas 800 palabras por hora.
Desmontando la teoría: Sí pasa algo si la traducción no está perfecta: que tu traducción es mala, lo que te convierte, automáticamente, en un mal traductor. Ningún buen traductor da prioridad, jamás, a la cantidad sobre la calidad.
La solución más acertada: «Así no me extraña que te paguen esas tarifas tan bajas...».

4. «El mercado está así: lo tomas o lo dejas».

Variaciones: «Es lo que hay». | «Así no vas bien, Sara; así no vas bien».
Qué pretenden conseguir: Meterte presión para que aceptes un trabajo con unas condiciones inaceptables.
Desmontando la teoría: Sí, es lo que hay: agencias cutres que no respetan a sus traductores. Pero no es lo único que hay. Puedes aceptar sus condiciones y trabajar para esta gentuza. O puedes buscar buenos clientes, que los hay a patadas.
La solución más acertada: «Sí, por desgracia el mercado está repleto de malas agencias, como la tuya».

5. «Tendrías que darme las gracias de que te esté ofreciendo esta oportunidad».

Variaciones: «Tal y como está el país, no deberías ni planteártelo». | «¡Encima que te estoy formando!». | «Así no vas bien, Sara; así no vas bien».
Qué pretenden conseguir: Una relación de dependencia, a lo síndrome de Estocolmo.
Desmontando la teoría: No deberías nunca darle las gracias a quien te está explotando. Y por supuesto que no te está formando: ya te has formado en cuatro años de universidad, gracias.
La solución más acertada: «Gracias por mostrarme a qué tipo de gente debo evitar».

6. «Los profesores solo os meten pájaros en la cabeza».

Variaciones: «Salís de la universidad pensando que esto es el país del arco iris». | «Alguien os tiene que quitar todas esas ideas tontas de tarifas altas y palabras por día de la cabeza». | «Así no vas bien, Sara; así no vas bien».
Qué pretenden conseguir: Que pierdas todos los principios en los que te han formado para adoptar las malas prácticas laborales que te quieren inculcar.
Desmontando la teoría: Primero, alguien que quita la razón a un profesor que, probablemente, cuente con más logros en unos años de los que conseguirá él en toda su vida queda totalmente desacreditado.
La solución más acertada: «Hmmm, pues no sé yo de quién fiarme más, si de un doctor en Lingüística que ha trabajado en instituciones europeas durante 20 años o de un traductor fracasado que ahora solo se dedica a la gestión de proyectos de su cutre agencia».

7. «Cuando tengas más experiencia, ya me darás la razón».

Variaciones: «Tú no tienes ni idea de esto. Hazme caso a mí que tengo 15 años de experiencia». | «Así no vas bien, Sara; así no vas bien».
Qué pretenden conseguir: Que creas a pies juntillas todas las mentiras que te están contando.
Desmontando la teoría: Cuantos más años de experiencia tengas, más cuenta te darás de que tú tenías razón y no ellos.
La solución más acertada: «Venga, vale. Nos vemos dentro de unos añitos y ya te cuento, si eso. Ta luego».

Y, probablemente, me haya dejado muchas más perlas que mi subconsciente ha decidido olvidar, posiblemente por vergüenza ajena ante el hecho de que puedan existir individuos de esta calaña en el mercado de la traducción, la mayoría de los cuales son también licenciados en Traducción e Interpretación, pero que se encargan de socavar esta profesión que tanto adoramos. Los buenos empresarios de la traducción, esas agencias que se convertirán en buenos clientes, jamás pronunciarán ninguna de estas frases, porque respetan a sus traductores. Recordad que un cliente que no os respeta, que no reconoce la dificultad y el mérito de nuestra profesión, es un mal cliente, a quien hay que evitar, porque no os traerá nada bueno. ¿Os han dicho a vosotros alguna vez perlas como estas?

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