viernes, 20 de junio de 2014

Todo lo que siempre quise decir sobre el CES Felipe II y nunca supe cómo

Esta entrada no estaba ni mucho menos entre mis planes, pero a veces hay algo que te impulsa a escribir sin un motivo. O con todos los motivos del mundo. Ya sabéis que yo no soy de hablar de cosas personales en mi blog y que solo vierto mi opinión en forma de experiencia. Nunca me ha gustado el autobombo ni utilizar el blog con fines promocionales, porque creo que la mejor publicidad posible es la de mi propio trabajo diario. Leyéndome apenas sabréis de mí, no descubriréis si tengo mucho trabajo o poco, ni en qué proyectos estoy, y solo muy de vez en cuando hablo de mis especialidades (y solo con el propósito de orientar a aquellos que quieran dedicarse a ellas). Solo en mi cuenta de Twitter dejo entrever la persona que se esconde tras estas letras, pero tampoco esperéis encontraros un reflejo de lo que no soy. Pero hoy voy a romper mis propias normas.

Porque me siento en parte huérfana. Tras años de incertidumbre (que se remontan a mi primer año de carrera), lucha, manifestaciones, encierros y cambio de órganos de gobierno, según lo anunciado hace unos días, el CES Felipe II, el centro de la Universidad Complutense de Madrid en el que me formé como traductora, pasa a formar parte de la Universidad Rey Juan Carlos, que ha decidido dejar de impartir Traducción e Interpretación. A partir del curso 2014-2015 no habrá alumnos de nuevo ingreso en el Grado en Traducción e Interpretación en el CES Felipe II, ni por parte de la UCM ni de la URJC. Si bien es cierto que esto no es más que la crónica de una muerte anunciada, la Licenciatura y, posteriormente, el Grado en Traducción e Interpretación llevaban tanto tiempo agonizando que siempre quedó la esperanza de su recuperación. A pesar de que me licenciara hace ya dos años, he procurado mantenerme al tanto de las noticias sobre mi antiguo centro gracias a internet. En las últimas semanas las noticias habían fluctuado entre nefastas y esperanzadoras, y estando ya ajena a la vida universitaria es más complicado conocer en tiempo real lo que está sucediendo. Quizá por eso enterarme de la decisión definitiva ha sido todo un mazazo.

Muchos os preguntaréis por qué, si, al fin y al cabo, ya no tengo nada que ver con la universidad. Y quizá no os falte razón. Puede que todo sea añoranza de mis años universitarios, o la saudade de la que hablan los portugueses, esa misma que te impulsa a gastarte un dineral en una orla en la que tu fotografía está rodeada de la imagen de, si tienes suerte, desconocidos (si no, de [h]arpías y otras aves de rapiña) que se supone que eran tus compañeros, simplemente porque necesitas algo a lo que agarrarte, que recordar cuando peines canas, que te una a lo que una vez fuiste y no volverás a ser. Y quizá por eso mismo lamento la pérdida del CES: porque mi universidad, en la que pasé cuatro años de mi vida, en la que aprendí todo lo que soy como traductora, desaparece sin dejar rastro. Y, con ella, la esperanza de poder volver a caminar por delante de su austera fachada castellana, su portón de madera y sus balcones de hierro forjado dentro de unos años y decir: «Mira, mi universidad». El edificio, patrimonio cultural de Aranjuez, seguirá allí, pero ya no será el CES Felipe II que todos conocimos y sus aulas ya no formarán a traductores.

Sé que hay muchos que defienden que una licenciatura o un grado en Traducción e Interpretación no es tan importante para traducir, pues el traductor nace, no se hace. Otros dicen que en cinco años de licenciatura no aprendieron nada más que teoría inútil y que salieron traduciendo igual (de mal, supongo) que al principio. Y no pocos opinan que el hecho de que muchos profesores no sean traductores profesionales en ejercicio automáticamente los incapacita para ser buenos profesores de Traducción por «su lejanía con el mercado real de la traducción». Yo no seré quien niegue la existencia de traductores natos, ni conozco el plan de estudios de todos los programas de Traducción e Interpretación de España como para saber qué tipo de asignaturas imparten, ni sé si un profesor es mejor o peor por ejercer profesionalmente de traductor. Pero de lo que sí estoy segura es de que yo no sería ni una mínima parte de lo que soy hoy como traductora (y que, a su vez, es una mínima parte de todo lo que me queda por delante) si no hubiera estudiado en el CES Felipe II

Es cierto que la experiencia profesional te curte, que te enseña todo aquello que no se aprende en la universidad. Pero los conocimientos prácticos (sí, porque mis clases de Traducción y de Interpretación siempre fueron 100 % prácticas) con los que salí de la universidad hace ya dos años son, para mí, algo insustituible. Y, aunque sé que las comparaciones son odiosas, no puedo evitar escuchar las experiencias de colegas coetáneos licenciados en otras universidades y pensar en lo afortunada que fui. Porque es cierto que el CES no tenía el prestigio y la historia de otras facultades de Traducción e Interpretación de España; que en verano no había dinero para el aire acondicionado y que en invierno no podíamos quitarnos el abrigo en clase; que de 25 ordenadores por clase solo funcionaban 3 o 4, y que las once cabinas de interpretación no daban abasto con medio centenar de alumnos matriculados. Pero, gracias a los profesores, no había un solo día de clase, del primero al último, en el que no sintiera que había aprendido algo valiosísimo para mi profesión. El centro agonizó hasta rozar lo insostenible, pero el nivel de la enseñanza se mantuvo siempre en lo más alto. Por eso, nunca escatimaré en halagos a mis profesores, desde primer curso hasta cuarto.

Ahora Traducción e Interpretación desaparece de Aranjuez. Al parecer, la UCM, esa que no ha hecho nada por mantener vivo el CES Felipe II, está interesada en impartir el grado en su Facultad de Filología y ya ha presentado el proyecto para su aprobación, por lo que es muy posible que el curso que viene puedan entrar alumnos de nuevo ingreso en el Grado en Traducción e Interpretación, aunque esta vez en Ciudad Universitaria. ¿Se continuará con el proyecto empezado en el CES, con las mismas materias, el mismo plan de estudios y los mismos profesores? Sea como fuere, la defunción de TeI en el CES Felipe II es una pésima noticia para todos aquellos que pasamos nuestros años de juventud en él y que hemos dejado entre sus recias paredes un trocito de nuestro corazón.

6 comentarios:

  1. Se nota la pasión que emanas hacia el CES. La verdad es que es un palo. Yo no puedo decir que todas las asignaturas hayan merecido la pena ni que todos los profesores sean buenos, pero es cierto que he aprendido un montón en estos 4 años y que guardaré siempre un gran recuerdo del centro en mi corazoncito. Espero que el elenco de profesores tenga plaza en el nuevo "CES".

    Buen blog, un saludo and keep up the hard work!

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  2. ¡Qué bonito, Sara! ¡Y qué bien escrito!

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  3. Hola Sara. Buen día. Estoy a punto de pre inscribirme para ingresar en la universidad. Y me gustaría estudiar traducción e interpretación. Observando el pensum de estudio de la universidad Rey Juan Carlos vi que dan alemán y árabe. No dan otros idiomas? Estoy escogiendo entre la Autónoma y la Rey Juan Carlos para hacer mis estudios. Que recomendaciones me puedieras dar?
    Un saludo!

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  4. Hola Sara. Buen día. Estoy a punto de pre inscribirme para ingresar en la universidad. Y me gustaría estudiar traducción e interpretación. Observando el pensum de estudio de la universidad Rey Juan Carlos vi que dan alemán y árabe. No dan otros idiomas? Estoy escogiendo entre la Autónoma y la Rey Juan Carlos para hacer mis estudios. Que recomendaciones me puedieras dar?
    Un saludo!

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